martes, 27 de agosto de 2013

Thick As A Brick (1972) - Jethro Tull





Puntuación: 10+
Mejor canción: difícil...¡Ya sé! ¡Thick As A Brick!

Tracklist

1. Thick As A Brick (Part 1)
2. Thick As A Brick (Part 2)
                             
                                 

 Bueno. Luego de mi magnificente retorno estuve algo ausente debido a mi viaje de egresados en Bariloche (fue genial, algún día escribiré un cuento al respecto), y para volver decidí una obra colosal como Thick As A Brick. Escribir sobre un disco tan complejo suele ser difícil, pero en el caso de Thick As A Brick, creo que todo podría resumirse con una sola palabra: "perfecto". Particularmente, creo que Thick As A Brick es un disco perfecto. Es mi favorito dentro de lo que he escuchado del progresivo, junto con esa otra maravilla que es Selling England By The Pound. 
 Y ahora vamos con mi muletilla que es la siguiente pregunta retórica: ¿qué es lo que lo hace tan genial? Su música. Sí, dije una obviedad, pero es que no hay otro modo de explicarlo. Era 1972, el auge del rock progresivo, y Jethro Tull se mete de lleno en esta nueva movida con una propuesta muy ambiciosa: un disco de una sola canción. Así es, los dos lados son en realidad la misma canción, y si están separados es sólo por una cuestión técnica. Obviamente, esto traía muchos riesgos. Un disco de una sola canción puede hacerse inabarcable, y de hecho es muy difícil que uno pueda centrar realmente la atención en las primeras oídas. ¿Cómo hace el loco de Ian Anderson para solucionar esto? Haciendo música de la más alta manufactura. Mientras todos los demás grupos de prog se peleaban por ver quién hacía la cosa más bizarra, quién experimentaba más, Anderson ensaya una "descomplejización de la complejidad". ¿A qué me refiero con esto? Simple: hace parecer fáciles cosas que no lo son. Esta larga suite no suena para nada difícil: no es desentrañable, no se enreda, no parece ser realmente complicada. Pero en realidad se trata de música muy compleja, con demasiadas ideas, demasiados matices, sólo que la banda encuentra la manera de ordenar todo de manera perfecta y tal que no nos demos cuenta de lo difícil que es en realidad todo. Esto me parece que es lo más resaltable del disco: cómo logran mucho sin dejar de sonar accesibles. 
 Pasando a la música en sí, es realmente un delirio. Lo que más me asombra del disco es la cantidad de ideas y cómo logran hacerlas fluir. Es una canción formada por varias partes, cada una genial a su modo, y todo encaja perfectamente. Uno puede oír una balada folk, luego una especie de marcha medieval, sobresaltarse con un riff de hard-rock al segundo siguiente, y en ningún momento la cosa suena emparchada o agregada a la fuerza. Las transiciones entre las distintas secciones de la suite siempre se dan naturalmente, con elegancia, con belleza, y nunca dejan de suceder cosas. Esto también es increíble: la cantidad de cosas que suceden a nuestro alrededor. Las canciones dentro de la gran canción están repletas de matices, flautas saliendo de la nada, campanitas, vientos, contrapuntos, riffs, coros, cambios de ritmo. Nunca dejan de pasar cosas, y uno nunca deja de descubrirlas. Realmente me sorprende cómo Ian podía tener tantas ideas en la cabeza. 
 Y por si esto fuera poco, las piezas en sí son obras maestras. Y perfectamente ejecutadas. Las melodías son excepcionales y la banda logra una inmensa variedad de sensaciones: desde una balada emotiva, hasta un rock furioso, atravesando apacibles pasajes de folk inglés, endemoniadas marchas cuasi-incas, logrando una obra realmente diversa. Y todo esto respaldado por una gran actuación de Anderson en la flauta. ¡Qué estilo tan distintivo! La flauta de Anderson está añadiendo belleza por todos lados, y esto aporta una gran cuota de originalidad y distinción. Martin Barre también se destaca como un GRAN guitarrista acústico, y además aparecen pianos, campanas, órganos, masas de vientos, orquestas de cuerdas, mandolinas, clavicordios, cornos y todo tipo de instrumentos para hacer más barroca la experiencia. Me parece importante destacar a John Evan, el tecladista, que nunca es nombrado pero aquí cumple una labor excelente, no sólo aportando masas de teclados sino líneas de piano realmente hermosas y hasta un solo de rock pesado. Repito: no puedo creer la cantidad de cosas que tenía Ian metidas en la cabeza, y lo bien que las logró transmitir.


 Pero vamos a la gigantesca canción. Thick As A Brick (Part 1) abre con una línea delicadísima de guitarra, y cuando entra esa frasecita SUBLIME de flauta, ya nos damos cuenta de que estamos ante algo grande. Y cuando encima aparece de la nada ese acorde mastodóntico de "Your deafness a SHOUT!", meneamos la cabeza asombrados. ¡Y van sólo 30 segundos! La balada acústica que da forma a la primera parte de la suite es de una belleza extenuante, con un estribillo hermoso, pero de a poco va subiendo la tensión. Y cuando digo de a poco, es realmente de a poco: primero se agrega un sutil acompañamiento algo jazzero, luego entra la batería con todo para el estribillo, y después todo vuelve a callarse hasta que un trallazo eléctrico nos revuelca por la habitación. ¿Ven lo que les digo cuando hablo de cómo fluye el sonido? Pasamos de una balada acústica a un hard rock, y lo hicimos casi sin darnos cuenta. Volviendo a la realidad, comenzamos la segunda parte de la suite, con un riff espectacular y un ritmo vertiginoso. Le agregamos un solo de teclado que suena psicodélico y rockero a la vez, y tenemos otra genialidad. Luego, de la nada, volvemos a la línea de guitarra que había abierto al disco, y aquí se va produciendo de a poco otra excelsa transición hacia la tercera parte del tema, que consiste en una especie de balada épica medieval de gran melodía respaldada por una masa de sonido IMPONENTE y que, encima, se da el lujo de encajar en el medio un diálogo entre guitarra eléctrica y flauta que me despedaza por completo. ¿Alguien se preguntó si una flauta podía rockear? Aquí tienen la respuesta. Posteriormente todo se calla, y quedan sólo la flauta y el teclado. Y después solo el teclado, que en medio minuto muta para brindar un riff antológico que luego es repetido por la flauta en el punto cúlmine de la genialidad. La melodía de esta parte vuelve a ser excelente, y además la actuación de la flauta es particularmente brillante. ¡Escuchen ese solo que se manda en el minuto 14:13! Puedo morir tranquilo. De nuevo el tema va mutando, y en el minuto 16:05 nos sorprende un barrido perfecto de guitarra acústica, que nos introduce a la última sección de la primera parte de la suite. Ésta consiste en una balada realmente hermosa, con pianos tan exuberantes que empalagan, una melodía suave y subyugante (hasta tiene unos "na na na" por ahí), una flauta como siempre sensacional y unas campanas que terminan de transfigurar una de las secciones más bellas que jamás oí. La escena es sobrecogedora: me imagino en un campo, de noche, observando un lago y meditando sobre cómo se nos va la vida, pero a la vez disfrutando inmensamente el hecho de poseerla. Perdón, pero esta parte es demasiado para mí. Y por si todo esto fuera poco, la melodía sigue siendo genial. ¡Maldito Anderson! ¿De dónde sacaba tantas melodías? A los 18:16 se va agregando otra imponente masa de vientos, y todo termina de manera sobrenatural. La transición con la segunda mitad se produce con menos maestría que el resto de la suite, ya que el lado A termina con un ruidoso aunque efectivo riff metálico, que se me hace interesante para escuchar con auriculares por cómo el sonido va saltando de un lado a otro.
Y así pasamos a Thick As A Brick (Part 2), la segunda parte del disco. El comienzo se da con una repetición algo caótica del rocker inicial, con un extenso solo de batería, que luego da paso a una sección algo experimental de diálogos mezclados con agudísimas flautas (parece sacada de alguno de los millones de discos de Frank Zappa). Como dije, la transición entre los dos lados pierde un poco la elegancia del resto de la obra. A los 4:05 comienza la misma preciosa línea de guitarra que daba inicio al álbum, y Anderson vuelve a demostrar su genialidad inventando una melodía diferente sobre LA MISMA LÍNEA DE GUITARRA. E IGUAL DE HERMOSA. ¿Se dan cuenta de lo que hablo? Es una cosa de no creer. Y además, está matizado por un intermezzo notable de flautas y pianos. Una breve pero linda melodía da paso a la siguiente sección, una excelsa y nuevamente épica balada. Comienza con una melodía conmovedora, matizada por brillantes punteos de guitarra y una flauta macabra que en el estribillo se transforma en una paloma llena de paz. Cómo te hacen variar los estados de ánimo en segundos, qué genios. A los 8:02 se mete la batería con un ritmo sobrecogedor acompañando a una flauta cada vez más fascinante. Todo va subiendo, todo va haciéndose cada vez más interesante. La batería ensaya algunos cambios de ritmo demenciales. La guitarra y el órgano comienzan a sumarse, haciendo todo una marcha cada vez más frenética e impactante. La transición entre esta parte y la siguiente es PERFECTA, con mayúsculas. Comienza sólo la flauta, tan sombría como siempre, se van agregando algunas cornetas o no sé qué carajo son, la batería se hace cada vez más pesada, y para cuando se agrega la guitarra ya flotamos en un mar de felicidad. Y cuando ya nos creíamos inmunes, Ian saca de la galera OTRO RIFF tan genial como los anteriores. ¡Alguien que lo frene a este tipo! Así da comienzo a una melodía devastadora, épica, increíble que nos va acercando al final. Y cuando me toca describir el final ya me siento incapaz. Todo va subiendo, se agregan más y más instrumentos, capas de sonido, melodías que se entrecruzan, secciones que cambian y se entrelazan y surgen de la nada y desaparecen y todo un océano de complejidad tocado con la más absoluta sencillez. No puedo, no puedo no rendirme ante tamaña demostración de creatividad. ¡No puedo! Hablo de cosas como el riff de flauta del 14:08, la frenética melodía del 14:50 (iniciada por una alarma que me parece un detalle maravilloso) o cómo frena todo de golpe en el 15:20 para dar paso a una marcha más lenta y fúnebre pero igualmente conmovedora. Pero aquí todo es volátil, y rápidamente volvemos a la misma melodía de siempre que ya parecíamos haber olvidado, y cuando Anderson queda por un momento a capella parecemos perder la noción del tiempo. La otra melodía regresa, la frenética, y nos vemos impulsados en un remolino que termina abruptamente a los 18 minutos. Ya estamos en la parte final, que repite la melodía del fin del lado A, pero con un trasfondo instrumental distinto y aún más épico. ¡Escuchen el riff del 18:38! Me deja helado. Luego todo se acelera, pero es un engaño, y vuelve la misma melodía por un rato, hasta que la batería se pone pesada, la flauta se pone escandalosamente genial, las guitarras florecen de la nada y yo ya no sé dónde estoy parado. Y ahí estoy, sumergido en el caos, cuando al 19:52 aparece una orquesta DE LA NADA, que me termina de convencer de que este disco es una absoluta obra maestra. ¡Escuchen esa hermosura! ¿Quién se esperaba una maldita orquesta en el último minuto de la obra? Es el toque final, el último golpe del genio de Anderson que corona todo. Bueno, en realidad no es el último. Porque todo sigue, igual de frenético que antes, salvaje, demencial, atroz, perfecto. Y de pronto todo se hace más agudo, y cuando al 20:30 florece la misma, la estúpida misma línea de guitarra del principio, ya no sabemos qué pensar. ¿Cómo hizo? ¿Cómo carajo hizo para darnos tantas vueltas, para llevarnos a tantos lugares, para hacernos sentir tantas cosas y después volver al principio? ¡Volvió al principio! ¡Como si nada! Es increíble. Y así nos parece, y así quedamos, atontados. Y Anderson lo sabe, y cuando recita la última frase se ríe. "And you wise men don't know how it feels / To be thick / (Risa) / As a brick". Esa risita leve me termina de matar. El tipo se mandó una obra maestra de 45 minutos para volver al principio, y encima el final es lo más alejado de lo pretencioso posible. El tipo se ríe. Realmente no somos dignos de algo así. No lo somos.
Espero haber podido expresar correctamente mi devoción por este pedazo de música. Cómprenlo. Escúchenlo. Muéstrenlo. Ámenlo. Yo lo hice. Un 10+, ¿todavía no quedó claro?


 

lunes, 15 de julio de 2013

América (2012) - La Perla Irregular


Puntuación: 10

Mejor tema: Exviento

Tracklist
1. El Aprendiz de Brujo
2. Nosotros Los Monos
3. Una Delicada Pizca de Horror
4. Guantes de Mimbre y Luz
5. Ella Te Ama (La Mujer Nueva)
6. Exviento
7. Carta Al Dolor
8. Un Gran Color
9. América
10. Más Que Amigos
11. Descanso Vs. El Amor de las Ninfas
12. El Trago Oculto
13. Dios Es Una Cámara
14. Rondó del Bello Divorcio
15. Me Gustaría

 Bueno, aquí me tienen de vuelta. Hace añares que no hago una reseña! En realidad menos de un año, pero bueno. En este tiempo tanto yo como Strauss estuvimos muy ocupados viviendo y no escribimos más. Él ya me dijo que no piensa volver a hacer reseñas nunca en su vida…bueno, no tan terminante, pero sí me dijo que no va a seguir escribiendo en el blog. Yo en cambio hace rato que extrañaba escribir sobre discos (porque cuentos sí he escrito en este tiempo, algún día abriré mi propio blog de cuentos y otras yerbas) y si no lo hacía era por pereza. Ahora al fin me decidí y siento que tengo que empezar todo de nuevo, antes me salían casi automáticamente y ahora tengo la mente bastante en blanco. Pero bueno, ya se me pasará. Espero poder volver a conseguir una cierta regularidad.
 Para este retorno elegí un disco que verdaderamente me motiva a escribir, y ese disco es América, el último lanzamiento de La Perla Irregular. Ustedes sabrán que siempre seguí a esta muy buena banda local, y hasta compartieron mis reseñas en su Facebook, lo cual me enorgulleció mucho. Bueno, a su disco nuevo no le di bola por bastante tiempo, pero finalmente me decidí y me puse a escucharlo concienzudamente. Es un disco largo, difícil, pero a medida que lo iba reescuchando iba encontrando nuevas cosas y me iba gustando cada vez más. En eso los fui a ver a Rosario (soy de Santa Fe) y dieron un muy buen recital. A esa altura ya me sabía todas las letras, y me gustaba tanto como los discos anteriores, así que me llevé una gran decepción cuando vi que no tenían el disco a la venta. Luego me enteré de que estaba agotado, así que esperaré alguna reedición o lo conseguiré de otra forma. En fin, en las últimas semanas seguí escuchándolo, ya sin parar, y me fue gustando más y más hasta que me di cuenta de que es una verdadera obra maestra. Me parece perfecto que se haya agotado, porque se lo merece. Siempre habían sacado buenos discos, pero creo que América es la confirmación de que se destacan por sobre el resto, y realmente creo que está entre las grandes obras del rock nacional.
 ¿Qué es lo que lo hace tan bueno? Vamos por partes. Primero que nada, es un disco largo. Largo y complejo. Luego del trampolín que había sido Rafael, la Perla se lanza definitivamente con una obra ambiciosa, variada, inabarcable. En esto marca la diferencia con los discos anteriores, que si bien eran grandes obras pop, no dejaban de ser eso, una serie de muy buenas canciones. Esto es otra cosa. Es una obra semi-conceptual, extensa, diversa y riquísima en todo sentido. Pablo Vidal se pone ambicioso y compone quince canciones con letras extrañas y arreglos cuasi barrocos.
Las canciones en sí suelen ser multipartes, y ese es otro factor importante. Uno nunca se aburre, porque siempre está asistiendo a nuevos giros, cambios inconcebibles, silencios repentinos y mutaciones. Por todos lados están pasando cosas, aparece una melodía pop por acá, después da paso a una trompeta, de la nada sale una orquesta, y así sucesivamente. Sin embargo, no suena para nada forzado. Eso es lo que me asombra. Las melodías se van sucediendo, los climas van cambiando, y todo esto sucede con una fluidez extrema. Todo se une perfectamente y sin fisuras.
 Los arreglos también juegan un gran papel. Preciosistas, llenan el espectro sonoro sin dejar ningún resquicio librado al azar. Una hermosísima orquesta de cuerdas entera, trompetas, trombones, saxos, flautas y hasta un corno francés, que enriquecen cada canción hasta la médula. Además, quiero destacar lo bien usado que está el silencio. En esta vida moderna solemos tener poca paciencia, y en América se nos invita a calmarnos con lapsos silenciosos que aparecen a lo largo del disco y que se convierten en un recurso más. Si a esto le sumamos unas letras inconexas, que a veces hasta dejan sin terminar las palabras, parece que estamos hablando de un disco de rock progresivo. Y la verdad es que sigue siendo un disco pop.
 Y eso es lo que termina de conjugar su genialidad. Pablo sigue haciendo melodías hermosas, inolvidables, frescas. Cada canción podría ser un hit si se lo propusiera, ya que siguen siendo pop, geniales piezas de pop. Es el pop llevado a su máximo refinamiento, a su pico artístico, a su cumbre creativa. Por si todo esto fuera poco, no hay relleno. O bien, lo hay, pero son canciones que cumplen perfectamente su papel y casi son igual de perfectas que las mejores. Y no se asusten, porque éstas canciones que nombro son apenas un par. El disco se mantiene en una calidad uniforme a lo largo de más de una hora, bien secuenciado, y termina dejándonos la sensación de que un clásico pasó ante nuestros oídos. No es para menos. El continente americano no podría haber tenido un homenaje mejor. La tapa sintetiza lo genial del disco. La riqueza y el color del continente están perfectamente expresados en la hora y pico de música de esta obra maestra placentera, diversa. Opípara.
 Pasemos a los temas. El disco empieza ya de entrada con una canción en pleno desarrollo, sin ningún tipo de introducción o algo que se parezca a un comienzo de disco, lo cual siempre me pareció muy extraño. Se trata de El Aprendiz De Brujo, una buena canción que cumple perfectamente su rol inaugural y nos da un pantallazo general del sonido que predominará en el álbum, a través de una melodía vertiginosa y atractiva, subrepticias líneas de guitarra y geniales acompañamientos de vientos, sin olvidar la emotiva mini-sección de “Pues ya mi guía / Me abandonó”. Quiero resaltar la línea de trompeta del 1:02, tan genial y tan parecida a la entrada de un rey. La letra es interesante, rara como todas las del disco, supongo que habla de la llegada de los españoles al continente. De todas formas, no creo que se hayan propuesto un sentido para las letras, sino simplemente buscaron que sonaran bien (lo cual está perfecto).
 Luego el destino nos regala una preciosa pieza pop llamada Nosotros Los Monos, con una melodía hermosa que va subiendo y bajando de tono hasta desembocar en ese glorioso crescendo de “dí-as-co-mo-hoy-me-sien-to-ma-a-a-a-a-a-a-a-al!” que lleva al estribillo, con otra melodía memorable. Pasamos luego por un pequeño intermezzo de quietud y misterio para volver al estribillo, que con la brillante participación de una trompeta se torna realmente emotivo. Genial canción. La letra incluye extrañezas como una enumeración spinetteana ("risas, cosa, mente, sol, diván…") y una gran frase como "Díganle que esta sociedad tiende a reprimir la pasión" cantada con gran energía. 
 A continuación viene Una Delicada Pizca de Horror, una canción que comienza de manera oscura con guitarras reptantes, teclados arabescos y hasta los zumbidos de Tomorrow Never Knows, y luego en el estribillo muta a otra melodía genial, tan juvenil, tan irreverente. Otro tema perfecto.
 El comienzo pop del álbum continúa con la adorable Guantes De Mimbre Y Luz (qué buenos títulos). Como anunció Pablo en el recital, es una pieza para bailar de a dos, con otra melodía hermosa esta vez desarrollada de modo más lineal, repleta de falsetes encantadores y “chururupapa-chururuchururirau” sesenteros por doquier. La letra ayuda al clima de baile de pueblo, con una frase que me encanta como "El día es triste, OK, la noche es audaz"
 De golpe empieza la canción más larga del disco. Se trata de Ella Te Ama (La Mujer Nueva), una suite de 8 minutos que cuenta con dos secciones definidas que se van alternando. Comienza como un blues tradicional, misterioso, de una letra oscura, que luego se transforma en otra melodía pop, esta vez más repetitiva. Esto se repite otra vez, con coros y vientos que empiezan a agregarse. Luego llega la tercera repetición, pero esta vez la sección de blues es sólo instrumental, con un medido pero eficaz solo de guitarra, y cuando parece que todo va a acabar, vuelve en una estampida la misma melodía pop, que se extiende y termina inundándose en un mar de cuerdas y vientos. Me parece un buen tema, pero la parte pop no termina de convencerme. No obstante, demuestra lo que hablaba de los silencios, que aparecen emparchando cada parte. La letra, por su parte, es bastante desesperanzada, casi una súplica.
 A continuación viene la canción más corta, y creo que también mi favorita, llamada simplemente Exviento. Comienza como una balada hermosa, cantada de gran forma por Pablo, y luego llega la parte del medio, que es de lo más emotivo que me tocó conocer. Vidal canta “Me besas / me atrapas / me das vida y luego / me matas / Pero me esperas / me libras / me libraa-as!” (qué letra tan buena), y los vientos generan un clímax estremecedor, que luego se resuelve en un sencillo, campestre, matinal y precioso solo de guitarra. La canción termina con el mismo piano de la primera parte, que cierra de modo brillante el círculo. Es increíble lo mucho que se puede lograr en dos minutos. Una canción que trae lágrimas a mis ojos.
 La sección media del disco nos trae Carta Al Dolor, una especie de balada algo rápida con arreglos de otro mundo y una melodía excepcional que de la nada nos brinda otro estribillo estremecedor. De todas formas, lo mejor del tema es ese solo de corno francés que aparece en el medio, inesperado y maravilloso. Sobre el final aparecen las guitarras pop características de la Perla, con ese sonido inconfundible, que dan paso a la coda.
 Un Gran Color es el rock del disco. Al principio no me gustaba, pero en Rosario fue el tema que mejor sonó, y terminé valorándolo como cualquier otro. Combina un riff sucio y poderoso con una sección lenta y emotiva en el medio, casi un vals. Es increíble como dos cosas tan opuestas pueden darse de manera tan poco forzada y llevarse tan bien. Al final, cuando Pablo canta “Serás tu la inmensidad”, rodeado de cuerdas y vientos, es imposible no admirar su genialidad, que hasta nos tenía reservados un último ataque rockero antes de concluir la canción.
 Llegamos así al tema central del disco, América. Es otro tema excelente, que relata la tortuosa historia de nuestro continente rodeada de un estribillo poderoso y omnipotente. Cuando parece que todo termina en un genial clímax (Dulce amiga la vida / Se nos va), nos vemos derivados a la segunda parte de la canción, que consiste en un riff genial, memorable, cinematográfico, que es repetido incesantemente mientras se agregan instrumentos. Luego se apaga, pero aparece otro silencio que desemboca en la repetición del estribillo y allí sí concluye este pomposo y brillante track. La letra expresa toda la nitidez del continente americano, con esmeraldas, serpientes, vides, fresas, y mientras tanto la vida que se nos va.
 Más Que Amigos es la pieza más amigable del disco. Se trata de una cancioncita inofensiva, divertida, encantadora, con una guitarra playera, una melodía tierna y una letra que relata de manera brillante lo simple del título.
 Luego viene la parte experimental del CD, con Descanso Vs. El Amor De Las Ninfas. Se trata de un teclado pantanoso, de videojuego, que repite la melodía de Descanso, el último tema de Rafael, matizado con un piano dramático.
 Este oscuro experimento nos deriva a El Trago Oculto, una especie de reprise de Carta Al Dolor que sobre la marcha inventa otra melodía genial que encastra tan perfectamente con la anterior (que, recordemos, era de otra canción) que no puedo dar crédito a mis oídos.
 Vamos llegando al final del disco, y lo hacemos con otra pieza larga y oscura como Dios Es Una Cámara. Es la canción más dramática y sombría del disco, con un piano de película de los años 20 y un estribillo que parece tomar vuelo pero no lo hace, y da paso a una corta y extraña sección instrumental con un oscurísimo riff. Después el estribillo toma vuelo al fin, dotado de una gran emotividad, y los últimos dos minutos vuelven a la sección instrumental, brillante, con zumbidos electrónicos por todas partes, guitarras distorsionadas, teclados, y en el medio de la marejada el brillante riff. El final se me asemeja a alguna parte de Pequeñas Anécdotas Sobre Las Instituciones, no recuerdo cuál. Me fascina particularmente el ¿chelo? que aparece en el minuto 1:03. La letra me parece una completa mezcla inclasificable, pero la frase "te asustaría verte en construcción" me parece brillante.
 La penúltima canción del disco se llama Rondó Del Bello Divorcio, una lenta balada que repite la misma encantadora melodía en una especie de mantra interminable que se corta en el medio para ofrecer un clímax conmovedor que sólo permite que vuelva la misma melodía de antes con mucha más fuerza. La canción se desvanece así, repitiéndose, volátil y etérea, y termina siendo mucho más hermosa de lo que uno pensaba. La letra habla del amor, y no hay mucho más para decir, salvo que suena preciosa.
 Y cuando ya nadie lo esperaba, en el último tema aparece una guitarra acústica. La canción elegida para despedirnos es Me Gustaría, otra melodía preciosa con arreglos mucho más sobrios que realzan su belleza y una típica letra de desamor. ¡Escuchen esa armónica! Podría llegar a atragantarme con tanta hermosura. A la mitad, Pablo se frena para decir “Y le / Canté / ah ahhhhh!”, y da comienzo a la extensa y bella coda que concluye el disco, llena de vientos, cuerdas, guitarras, armónica, una batería marcial, y entre todo eso el “la la la la la” de Vidal realzándose como la voz de un niño entre la marea. Y así, casi sin darnos cuenta, vemos que terminó el disco.
 En fin. Espero que estas palabras los animen a escuchar el disco. Se lo merece. Pablo Vidal solito compuso estas 15 gemas, y según mi punto de vista eso ya lo habilita a ocupar el puesto de genio. Me alegra mucho que el under argentino tenga bandas como éstas. Escúchenlos, difúndanlos, disfrútenlos. Yo, escuchando este disco, soy feliz. Muy feliz. Espero que a ustedes les pase lo mismo. Un 10-.


martes, 21 de agosto de 2012

Whatever People Say I Am, That's What I'm Not (2006) - Arctic Monkeys





Mejor tema: I Bet You Look Good On The Dancefloor o Perhaps Vampires Is A Bit Strong But...

Tracklist
1. The View From the Afternoon
2. I Bet You Look Good on the Dancefloor
3. Fake Tales of San Francisco
4. Dancing Shoes
5. You Probably Couldn't See for the Lights but You Were Staring Straight At Me
6. Still Take You Home
7. Riot Van
8. Red Light Indicates Doors Are Secured
9. Mardy Bum
10. Perhaps Vampires Is a Bit Strong But..
11. When the Sun Goes Down
12. From the Ritz to the Rubble
13. A Certain Romance


 Me llegó el momento de hablar de los Arctic Monkeys. Este disco, su debut, salió en 2006, y fue una explosión total. En esa época, había millones de jóvenes sedientos de rock -tan sólo eso-. El garage rock había tenido un cierto resurgimiento a principios de década, con bandas como los White Stripes o los Strokes, pero luego estas bandas habían decaído y habían dejado a todos estos adolescentes sin nada qué escuchar más que grupos de pop-punk como Green Day o Blink 182, si es que no querían irse a terrenos más progresivos. 
 Entonces de la nada salieron estos cuatro pendejos con las únicas intenciones de rockear y tocar su música, y de la noche a la mañana tuvieron miles de fans y recibieron lisonjeos desmedidos por parte de la crítica, convirtiendo este debut en uno de los más vendidos de toda la historia. Tal vez fueron tocados por una varita mágica, ya que quizás había miles de bandas under con las mismas ganas de rockear y la misma convicción, pero creo que los Arctic Monkeys tenían algo que los distinguía. 
 Porque, al fin y al cabo, este debut no es nada nuevo. El estilo es ciertamente poco original: es tan sólo un homenaje al garage rock, con riffs furiosos, vocalización monocorde, guitarras distorsionadas por doquier y un sonido sucio y juvenil. Podrá parecer una fórmula simple: los instrumentos básicos, rockers acelerados con actitud indie, y tenemos un éxito garantizado. Quizás alguien piense así viendo sus primeras presentaciones en vivo: la banda tocando todo igual, todo rápido, indiferentes y concentrados, con Alex taladrando las letras en una campera con capucha. 
 Pero la verdad es que son unos chicos muy talentosos. Quiero decir, los tipos rockean verdaderamente, con convicción, con fuerza, con alma, proporcionando una música desprejuiciada y muy divertida. Algunos tal vez digan que esto no es nada nuevo, pero no importa: los Monkeys lo adaptan y consiguen que siga resultando aún en el nuevo milenio. Es que tocan realmente bien, y hacen lo que tienen que hacer. Enfocados en su música, no se pierden en divagaciones: canciones de dos o tres minutos, con riffs directos, melodías pegadizas y barridos de distorsión. 
 Además, tienen un estilo muy reconocible, insolente y rockero, mezcla de ska y rock pesado con melodías pop. Porque es cierto que los Arctic Monkeys rockean, pero también es cierto que sus canciones son verdaderamente buenas, con buenas melodías que garantizan pura diversión pop si uno se lo propone. El mismo estilo se repite uniformemente a lo largo del disco, pero eso no lo hace monótono, porque cuando un disco trata de rockear así, es mejor no dar treguas. No obstante, la banda se da tiempo para un par de temas pop y otro par de baladas más tranquilitas, que aplacan definitivamente la monotonía. 
 El baterista, Matt Holders, es realmente fenomenal, y toca como un desquiciado, despedazando a la batería y llevándola al límite de brutalidad. El bajista, Andy Nicholson, es bueno también, y el guitarrista Jamie Cook, si bien no es la graaaan cosa, toca realmente bien, logrando riffs sencillos y a la vez pegadores y con algunos solos de gran calidad, sin contar los típicos ataques distorsionados que aparecen en casi todos los temas. 
 Pero el que se roba todos los flashes es Alex Turner, el vocalista, quien quizás es el tipo más cool de todo el planeta. No hay otra palabra para describirlo: su apariencia es cool, sus letras son cool, su voz es cool y su acento es cool (Actualización a 2016: hoy en día se está esforzando tanto por parecer aún más cool, que dejó de ser cool). En realidad no canta, sino que habla, en un tono monocorde, descarado y acelerado, metiendo diez mil palabras por estrofa sin que uno sepa cómo hizo para que quepan todas. Realmente no me imagino este disco cantado por otra persona más que por la sucia y perfecta voz de Alex. 
 Todo en conjunto conforman una banda muy ajustada, enfocada en lo que tiene que hacer. Así, el disco se configura como una gran experiencia que sacia todas las ansias de rock de la audiencia, con un plus de jovialidad brillante. Es uno de los discos más adolescentes que escuché, con un aire juvenil presente a lo largo de todo el disco. Ya en el disco siguiente madurarían y perderían algo de esta frescura, por lo que este álbum es el único vestigio de esos Arctics descarados y pendejos de los que vengo hablando. Eso sí, hay veces que se pasan con la distorsión, algo típico en este tipo de bandas, pero en fin, es sólo un detalle. Seguramente Whatever People Say I Am, That's What I'm Not te ofrecerá un gran momento de diversión despreocupada, esos momentos donde todo te chupa un huevo y querés quemarte la cabeza con guitarras y guitarras y más guitarras. Es realmente un álbum para escuchar en vivo y hacer pogo en todos los temas. 
 Vamos a las canciones. El disco empieza con un riff mastodóntico y una batería brutal, con la distorsión presente desde el segundo cero del disco. Se trata de The View Of The Afternoon, que es en esencia una pieza pop, pero la banda se las ingenia para hacernos creer que se trata de algo mucho más rockero. La melodía saltarina, los brillantes riffs de guitarra, los intervalos potentísimos de distorsión, la manera en que la guitarra acompaña en las estrofas, el truco de sumar la batería más tarde y el bajo aún más tarde, el estribillo tan, pero tan pegadizo, el falso final tan genial, en el cual vuelven a repetir el truco de ir agregando todos los instrumentos de a poco, la letra nocturna, todo configura una perfecta introducción al disco. 
 Luego llega uno de los mejores temas, el hit I Bet You Look Good On The Dancefloor. Siempre pensé que estos temas son muy bailables. Fíjense esa línea de guitarra tan brillante que aparece al segundo 20. ¿No se les mueve la cabeza por su propia cuenta? El tema en sí es perfecto, ya que combina unas estrofas alegres y una melodía genial con un estribillo devastador en el que la batería y las guitarras atropellan todo de manera furiosa, sin olvidar la maravillosa performance de Alex (And your shoulders are frozen...). La letra habla nuevamente de un romance de boliche, en el que "encender la mecha" puede llevar a una "explosión".
 Completando este trío llega Fake Tales Of San Francisco, una canción algo más sosegada, con un riff excelente de guitarra, una brillante interacción entre los instrumentos y un estribillo memorable. Luego de un fraseo genial de Alex (Yeah but his bird thinks it's amazing, though / So all that's left / Is the proof that love's not only blind but deaf) llega el consabido ataque de distorsión, y todo concluye en un final apoteósico con la banda gritando a más no poder. La letra esta vez habla de los típicos bares nocturnos con bandas de rock cool con "sombreros y copas de vino blanco".
 Después viene Dancing Shoes, un tema más promedio. El comienzo, con ese bajo saltarín, puede sonar algo chabacano, pero luego la guitarra lo repite en las estrofas y no se puede no bailarlo, sin contar el buen solo de guitarra y esa sensacional frase de Alex, con ese acento de Sheffield tan sensual: "Get on your dancingggg shoooes / You sexy little swiiine". ¿Se puede ser más cool? Creo que me enamoré. 
 You Probably Couldn't See For The Lights But You Were Staring Straight At Me (qué manía con esto de los títulos) es una pieza pop de mero relleno, que no obstante cuenta con un gran riff y una muy buena actuación de la guitarra, que aparece y desaparece en destellos a lo largo del tema. 
 A continuación tenemos una pieza definitivamente hard con Still Take You Home, que tiene un riff demencial y salvaje de guitarra, una actuación descomunal de Alex, que sinceramente la descose en el micrófono, un estribillo directo y extremadamente furioso, y una parte media en donde todo parece tranquilizarse con unos coros casi paródicos, hasta que reaparece el riff principal y nos arroja a los abismos del rock más potente. La letra es muy buena, hablando de un viejo amor al que Alex odia pero a la vez no puede olvidar, con una frase perfecta como "No puedo ver a través de tu autobronceante".
 En el medio del disco tenemos a Riot Van, la única canción tranquila y casi acústica del disco. Se trata realmente de un muy buen tema, con una voz lamentosa y depresiva de Alex, una melodía también melancólica y un solo simplísimo y muy efectivo de guitarra. La letra es muy típica, de rebeldía juvenil, con unos adolescentes que se enfrentan a la policía. 
 Red Light Indicates Doors Are Secured abre con un riff muy amigable, y se desliza por una letra nuevamente nocturna, una melodía pop bastante buena, un solo distorsionado y rockero de guitarra y un final con Alex escupiendo el título de la canción que es imposible no cantar.
 Después tenemos la pieza más pop del álbum, llamada Mardy Bum, que es casi un trailer de Fluorescent Adolescent. Es una canción genial, con un riff brillante, una melodía preciosa y un estribillo realmente genial. El barrido de distorsión esta vez me parece algo fuera de lugar, pero luego llega un solo fantástico de guitarra para redimir todo. Ah, y préstenle atención al redoble de batería de Matt en el minuto 1:13. ¡Lo amo!
 Después tenemos otro de los mejores temas del disco. Se trata de Perhaps Vampires Is A Bit Strong But..., un rock muy garage, voraz y apocalíptico, con Alex cantando casi desde un megáfono, escupiendo y maldiciendo con una rabia salvaje, la guitarra más furiosa que nunca y el estribillo asesino con ese duelo entre Alex y la batería en el que no sé a cuál temerle más. Pero lo mejor viene pasados los dos minutos: de pronto todo se calla y tansólo queda Matt, en un ritmo demencial y frenético de bongoés al que se le van agregando el bajo subrepticio y filoso de Andy con una distorsión macabra en la guitarra de Cook. Parece que todo termina, pero se escucha un grito salvaje desde bien atrás que anuncia "Cause all you people are vampires!!!", y nos vemos nuevamente en un torbellino rockero con el mejor solo de guitarra de todo el disco. Un temazo, sin dudas. La letra también es sensacional, ya que Alex se cansa de todas las historias de boliche y hace toda una diatriba en contra de alguien. No sabemos bien a quién está dedicada, pero se nota que Alex está realmente furioso y no se cansa de dar palos, insultar y hasta humillar a estos "vampiros cuyas historias son todas robadas".
 Para calmarnos un poquito llega When The Sun Goes Down, una apacible balada pastoral con una linda guitarrita que...¡esperen! ¿Qué pasó? De pronto Alex exclama "I said he's a scumbag don't you know", y aparecen unos trallazos distorsionados que anteceden a un riff furioso de guitarra. La voz de Alex cambió, y ahora nos grita furiosamente que estamos "tratando de no escucharlo" mientras nos vemos arrastrados por una melodía arrolladora y un estribillo que destruye todas las paredes de nuestra pieza, hasta que al final todo se vuelve a calmar y termina como había empezado. La letra (creo) que habla de prostitución, aunque es bastante ambigua.
 Ya llegando al final, nos vemos honrados con la presencia de From The Ritz To The Rubble, una canción sucia y desaliñada con una voz de Alex más hablada que nunca y un estribillo nuevamente demoledor en el que las guitarras aparecen en todo su esplendor distorsionado, aunque tal vez al final se haga un toque excesiva.
 Y para terminar tenemos una balada, A Certain Romance. Comienza con una batería marchando obsesivamente y una guitarra igual de distorsionada que siempre, pero cuando parecía que todo iba a estallar, se desvanece en uno de los riffs más dulces y evocadores que haya oído. La canción en sí es una delicia, con una melodía muy hermosa y un estribillo en el que la intensidad crece hasta sacarnos algunas lágrimas. Ya sobre el final, la banda intenta arremeter con un nuevo ataque de distorsión, que a mi gusto está desubicado y termina extendiendo innecesariamente una hermosa canción. De todas formas sigue siendo un final brillante. Además, la letra es una de las mejores del disco, con Alex riéndose de una subtribu urbana inglesa, los "chavs", a los cuales puedo ver que todo el mundo odia. Así, se burla de sus zapatillas Converse, de su manía de seguir la moda, de su frivolidad musical (sólo se interesan por los ringtones) y dice que sus mentes están completamente cerradas. No obstante, también les da lástima en cierto modo, ya que dice que tiene amigos metidos ahí, y no puede enojarse de la misma manera.
Así termina este gran disco. Lo recomiendo para cuando quieras volver a sentirte joven, y liberarte de las ataduras que a veces impone el "buen gusto".